El caudal y los recuerdos

Las ganas de mirar el río Aconcagua después del temporal rondaban en mi cabeza. Me encontré con Camilo en el supermercado, un viejo amigo con el que tocábamos en una banda. "¿Fuiste a ver el río?", me preguntó con rostro de felicidad. "Está hermoso". 
Dejé el pan y los bidones de agua en casa, agarré la cámara y el auto. Partí a Lo Rojas, en la comuna de La Cruz. Alrededor del pequeño parque, muchos autos estacionados y familias mirando el caudal desde la orilla. Otros en el puente nuevo contemplaban el espectáculo de la naturaleza. Ya había parado de llover, al agua turbia arrastraba algunas ramas y troncos. El puente colgante estaba cerrado.
Recorrí el puente nuevo por ambos lados. Tomé varias fotografías. Al frente la cordillera nevada se dejaba ver entre nubes, en la otra vereda el agua corriendo a toda velocidad hacia el mar. Hace muchos años que no veía el Aconcagua así, quizás de niño.
19 de junio de 1987. Vacaciones familiares en La Serena, veíamos las noticias del temporal en la casa de mi tía Luzmira. En aquellos años vivíamos en La Calera, teníamos que regresar, pero el río se llevó el puente que, en ese entonces, era la única vía de acceso a la ciudad. Nos quedamos varios días más antes de volver.
Las historias se repiten, o tienen ciertas similitudes. Hoy, 21 de julio de 2026, mi madre está en Iquique con mi tía Loly. Viajaron a la Fiesta de La Tirana. Están atrapadas en el Norte Grande. La principal carretera que une Chile está cortada en Vallenar y otros sectores por el frente de mal tiempo. Socavones, ríos desbordados, quebradas que recuperan su cauce natural. 
Mientras tanto, en Lo Rojas, las familias siguen recorriendo la orilla del río. Hace un poco de frío, las nubes se mueven y se observan algunos espacios con el cielo despejado. 
Le di un regalo a mi niño interior. Contemplar la fuerza de la naturaleza después del temporal. Escuchar el torrente, sentir el aire en el rostro.
"¿Te gustó venir a ver el río", un padre le dice a su hija. "Sí", le responde. "Eso que no querías venir", agrega su madre. Se suben al auto y regresan  casa... Recuerdos que quedan para toda la vida.


Comentarios

Entradas populares de este blog

En el café, después de terapia

La liebre bruja