El vuelo en tren (o metro)
El metro no estaba tan lleno, sábado 1 de agosto de 2026. Trabajaba como fotógrafo en el Festival Mediamorfosis en el Teatro Municipal de Viña del Mar. Era mi segundo viaje al puerto, ese día había un par de actividades allá. Almuerzo y me tomo más de media dosis de clotiazepam (lo dije en otro relato, estoy en terapia con sicólogo y siquiátra, pero agregué un extra esa tarde). Ahí comenzó el vuelo, pero en tren. "Las cosas van más lento" como el tema de Pánico.
Gente, perros, vendedores, me senté al costado derecho para ver el mar camino a Valparaíso.
Sonaban boleros. Debo confesar que no me agradan los artistas en el metro, pero en ese momento todo era armonía. Un pasajero coreaba las canciones de los dos guitarristas de boina. Al frente un padre con su hija que creo que eran venezolanos: la niña abrazada al hombre media enojada, las señoras de al lado le dieron un jugo en cajita. "Yo siempre llevo jugos", dijo una. "Y yo las galletas", comento su amiga (o quizá era su hermana). Se rieron un buen rato, tías simpáticas.
La música acompañó la parte subterránea y luego el paso por el océano. Efecto del medicamento, en fin, nunca había observado el entorno con tanto detalle, mis sentidos a tope. El mar, los barcos, el cielo, conversaciones. La ansiedad bajó a cero.
Las señoras se bajaron, y un asiento lo ocupó otra niña de la familia con su peluche. Padre e hijas siempre serios. Se acurrucó en la ventana mirando el mar. Subió un tipo con un perro en brazos, saludó a los músicos mientras tocaban. Estaba medio borracho, cantaba y besaba a su perro, le mordía una oreja. Unos hombres altos y musculosos (con acento flaite) lo miraban con odio.
Le pasé 300 pesos a los músicos, esos boleros hicieron el vuelo más bonito. Siempre he querido aprender a tocar esa música en guitarra, lo haré.
"Estación Puerto, todos los pasajeros deben descender".
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